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30 años de bordado en las manos de Antonio Mariño

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Lo que comenzó siendo una afición acabó siendo casi un modo de vida. El bordado en oro es una artesanía que perdura gracias a las manos de aquellos que dedican, puntada tras puntada, su tiempo. Es el caso de Antonio Mariño, vecino de Manzanilla que se interesó y aprendió gracias al convento de Santa Isabel y a los talleres de Elena Caro con el objetivo de dotar a sus devociones particulares de prendas bordadas.

A partir de ahí, han sido 30 años dedicados a este arte, en el que ha realizado numerosas obras repartidas por toda la geografía andaluza, aunque concentrada en la comarca del Condado, y que tuvo como colofón el nuevo simpecado de la Hermandad del Rocío de su localidad, lo que le llena de satisfacción.

Mariño también tuvo ocasión de colaborar con restauraciones importantes, como el manto de rogativas de la Virgen del Valle, una prenda del siglo XVII que nos llega hasta nuestros días, y que ha podido ser utilizada gracias a su destreza que permitió recuperar esta pieza.

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