La llegada de la primavera coincide con el regreso de la oruga procesionaria y precisamente, el contacto con estos insectos que habitan en los pinares puede traer consigo graves irritaciones alérgicas en la piel y en los ojos.
Diferentes municipios desempeñan las correspondientes labores de fumigación con la aplicación de productos biológicos que respetan el medio ambiente y velan por la seguridad y bienestar de personas y animales.
Los meses de febrero y abril son en los que se produce un mayor riesgo, ya que las orugas bajan en procesión para enterrarse y hay un mayor riesgo de contacto con sus pelos urticantes.
Especial precaución hay que tener con nuestras mascotas, llevándolos atados para evitar que se acerquen o huelan las orugas y en caso de que así sea, es importante lavar con agua tibia y acudir de forma inmediata a recibir atención veterinaria.


















