La exposición colectiva “Formas, colores y versos” que se inauguró ayer en el hall del teatro Felipe Godínez, nos muestra cómo la poesía y la pintura son artes complementarias capaces de emocionar al espectador. La muestra puede visitarse hasta el 22 de agosto.
16 grandes pintores onubenses participan con sus obras en esta iniciativa comisariada por Sergio Ollero que pretende, por un lado, recordar la figura del moguereño Rafael Romero Barros, padre y profesor del genial Julio Romero de Torres y una de las grandes personalidades culturales de su tiempo y, por otro, propiciar el encuentro entre una selecta muestra de creadores que comparten una misma voluntad expresiva.
Además de las pinturas, alguna de ellas de gran formato, que pueden admirarse en esta exposición colectiva comisariada por el técnico de cultura Sergio Ollero, la muestra se completa con los deliciosos textos que distintos poetas dedican a las obras que llenan de color y belleza la sala del teatro moguereño.
El alcalde de Moguer, Gustavo Cuéllar, presidió la apertura oficial de la exposición junto al gerente de la Fundación Zenobia-JRJ, Antonio Ramírez, la concejala de Cultura Eva Rodríguez, y el coordinador de la iniciativa, el periodista y profesor de arte Bernardo Romero.
A la inauguración, que contó con la deliciosa aportación musical del Liceo de la Música de Moguer, asistieron además de los autores de las obras pictóricas, muchos de los poetas que enriquecen con sus textos este proyecto, un ramillete de creadores que construyen, cada uno con sus respectivos lenguajes, un homenaje colectivo a Romero Barros considerado uno de los artistas más importantes del romanticismo español, y reivindican la capacidad del arte para seguir generando diálogo y emoción.
Los 16 pintores de reconocida valía que participan con sus obras en esta muestra son Víctor Pulido, Juan Villa, Juan M. Seisdedos, Antonio Belmonte, Pablo Sycet, J. Carlos Castro Crespo, Juan Romero, David Morales, Carlos Dovao, Teresa Fernández, Antonia Mª Peralto, Enrique Santana, Faustino Rodríguez, María Luque y los moguereños Pedro Rodríguez y María José Cumbreras.
En cuanto a los textos que complementan esta gran exposición con la emoción de la palabra, han sido realizados por Diego Lopa, Carmen Ciria, M.ª Luisa Domínguez Borrallo, María Coronado, Francisco Caudet, Juan Cobos Wilkins, Inés Prades, Onofre Rojano, J.J. Díaz Trillo, Ana Deacracia, Antonio Ramírez Almanza, Juan Angona, Ramón Llanes, Juan Carlos Friebe y Paco Silvera.
En el cuidado catálogo de la muestra editado por el Ayuntamiento de Moguer se incluyen también textos de Antonio Machado, Rafael Alberti y, cómo no, del genio moguereño Juan Ramón Jiménez.
Precisamente el gerente de la Fundación del Nobel, Antonio Ramírez, nos ofrece también en su presentación la idea central de este proyecto artístico multidisciplinar, cuando afirma que “si Rafael Romero Barros representa una referencia esencial de la pintura moguereña del siglo XIX y Juan Ramón Jiménez la culminación poética de la sensibilidad artística del siglo XX, esta exposición pretende tender un puente entre ambas herencias desde el Moguer del siglo XXI. Un puente construido con formas, colores y versos; con la mirada de nuestros pintores y la voz de nuestros escritores; con la certeza de que toda creación auténtica acaba formando parte de una misma conversación que atraviesa el tiempo”.
Rafael Romero Barros, ejemplo de compromiso con el arte y la historia
El 30 de mayo de 1832 nacía en la antigua calle de Jilaescuras de Moguer, Rafael Romero Barros, uno de los artistas más importantes del romanticismo español que, además de padre y maestro del genial pintor Julio Romero de Torres, fue una de las personalidades culturales más relevantes de su tiempo.
Formado en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla donde fue alumno de Manuel Barrón, nuestro personaje fue un extraordinario pintor que llegó a retratar al Rey Alfonso XII, quien adquirió una de sus obras y lo nombró pintor honorario de cámara, exponiendo muchos de sus cuadros en grandes eventos artísticos como la muestra Internacional de Londres de 1862 o las Nacionales de Bellas Artes en 1876 y 1878.
Sus grandes conocimientos de arte y antropología le llevaron a ser director y conservador tanto del Museo de Pinturas como del Museo Arqueológico de Córdoba, ciudad a la que se trasladó a vivir y en la que impulsó la creación de su Escuela de Bellas Artes en la que también destacó como profesor.
La mayor parte de su obra, considerada como un verdadero manual del estudio de los paisajes y la figura humana, además de sus espectaculares bodegones de extraordinario realismo, pueden admirarse en el actual Museo de Bellas Artes cordobés.
Sus enormes inquietudes culturales y su afán por difundir el arte en la sociedad le llevaron a escribir numerosas conferencias y artículos que se publicaron durante décadas tanto en prensa diaria como en revistas especializadas.
Fue maestro de gran cantidad de artistas cordobeses como sus hijos Rafael, Enrique y Julio Romero de Torres, Mateo Inurria, Muñoz Lucena o Montís, y de numerosos orfebres y artesanos que vieron dignificados sus trabajos con la noble visión de la creación artística que propugnó siempre el moguereño.
Además de por su enorme valía cultural, Romero Barros era conocido por su carácter cercano y amable, preocupándose siempre de los intereses de los trabajadores que tuvo a su cargo, y llegando a ser secretario de la Asociación de Obreros de la ciudad califal.
Fue también vocal de la Comisión de Monumentos de la provincia de Córdoba, socio de mérito de la Sociedad Arqueológica de Barcelona, miembro de las Academias de Bellas Artes de San Fernando e Historia de Madrid, numerario de la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Artes de Córdoba y también de su Sociedad Económica, entre otros muchos reconocimientos.




















