La primavera está a la vuelta de la esquina. Y con ella, todas nuestras fiestas donde un elemento tan significativo es fundamental, como es la flor. La Semana Santa, el Día de la Madre, las romerías, ferias y otras festividades forman parte de un calendario que el sector de la flor cortada prevé con muchísima incertidumbre.
En primer lugar, se da dos condicionantes, especialmente económicos: la producción desechada debido a la pandemia y la subida de precios han hecho que baje la producción para este año, lo que, unido al aumento de la demanda, hace que se encarezca desde un 20 hasta un 100 por ciento el precio de las flores.
Por otro lado, el factor climático también ha influido en el encarecimiento de la flor, lo cual ha provocado que las hermandades, que especialmente, son las que más demandan flor viva para estos días, tengan que amoldarse al precio actual, o bien apostar por otras variedades más económicas.
Eso sí, la renovación y los nuevos tiempos, unido a la necesidad apremiada por la situación, hacen que las priostías cambien hacia unos exornos más novedosos, introduciendo también flores de importación llegadas desde otros continentes.
Sea como fuere, lo que es seguro es que la Semana Santa siempre ha sabido adaptarse a las circunstancias, igual que los exornos florales, por ello es un elemento de nuestra cultura, además de religioso, que permanece en el tiempo, y que, por fin, viviremos, con total normalidad.


















