La devoción a la Virgen del Rocío se extiende por todo el mundo como ‘una mancha de aceite’. Un aceite que luego da sabor y brillo al mundo y cala en lo más hondo de los corazones que llegan de todas partes hasta la aldea de Almonte y que dan testimonio de fe.
Es el caso de los hermanos de Palma de Mallorca, que han pasado este miércoles en la última entrega de La Pará Rociera, y en la que han querido transmitir cómo se viven las vivencias desde tanta distancia.
La junta presidida por Liaño no ha podido aún estrenarse en Pentecostés a causa de la pandemia, así como ha tenido que ir sobrellevando la situación, además de destacar toda su acción social y la unión a pesar de los tiempos que estamos viviendo.
La oración cantada por parte de Ana Castillo relata ese momento en el que los rocieros mallorquines llegan hasta las plantas de la Blanca Paloma, algo que ya esperan con muchas ganas y que confían que vuelva a suceder 3 años después.





















