Cuarenta minutos le bastaron a Lucena.
Cuarenta minutos de devoción, de sentimiento, de tradición.
La lluvia truncó el 22 de enero en Lucena. El día de su Patrón, el cielo decidió que cuarenta minutos serían suficientes para repartir su Bendición a su pueblo. San Vicente atravesó el dintel de la Parroquia lucenera a las 15:30 de la tarde, con una premisa muy clara: si llueve, hay que volver.
Y Lucena acogió esta decisión con los brazos abiertos. Los vecinos se encontraron frente a frente con su Santo Patrón, disfrutando de cada efímero instante en esos cuarenta minutos que separaron la salida, de la vuelta al Templo.
A las 16:10 de la tarde, y con el capote protegiendo la Imagen del Mártir, San Vicente volvía a atravesar la puerta de su Iglesia, arropado en absolutamente todo momento por sus vecinos, que no se separaron ni un instante de él.
Ahora toca volver a descontar días en el calendario para un nuevo 22 de enero, pero San Vicente, salió a repartir su Bendición.















