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Las lluvias en Doñana, aunque positivas, «siguen siendo insuficientes»

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Desde septiembre, se han registrado 300 mm de precipitaciones en el Parque Nacional de Doñana, según los datos aportados por la ICTS Doñana, dependiente de la Estación Biológica de Doñana-CSIC.

Esta cifra «supera la media de los últimos diez años», pero «se encuentra entre los valores promedio de un invierno en Doñana». No obstante, apuntan a que «siguen siendo insuficiente», debido a «un gran déficit hídrico, lo que impide que la marisma se inunde hasta el nivel promedio habitual del invierno».

El año hidrológico, que se cuenta de septiembre a agosto, comenzó con «buenas precipitaciones» en octubre, seguido de un noviembre y diciembre «secos» que dejaron a Doñana «con escasa agua al inicio del invierno». No obstante, las lluvias de enero han posibilitado que los niveles de precipitación «se sitúen en la actualidad cerca de la media histórica».

Según explican desde la Estación Biológica de Doñana, en un ciclo normal, durante el verano, «la falta de precipitaciones y las altas temperaturas secan la marisma, que no vuelven a inundarse hasta la llegada de las lluvias en otoño e invierno». Las marismas se asientan sobre un sustrato arcilloso, que necesitan, tras el periodo estival, volver a hidratarse para coger agua de nuevo.

Por ello, se estima que se necesitan alrededor de 200 mm de precipitación acumulada para que las marismas comiencen a inundarse. De hecho, antes de las lluvias de finales enero la inundación de la marisma «se limitaba a zonas como la Madre del Rocío, Caño de las Madres y lucios del Caballero, Vetalengua y Membrillo, que suelen ser las primeras en inundarse con las primeras lluvias».

Las precipitaciones han hecho que se active el sistema hidrológico al completo. Los arroyos de los Sotos, La Rocina, La Cigüeña y del río Guadiamar contribuyen al llenado con aguas fluviales, y no exclusivamente pluviales, de la marisma.

En la actualidad, la lámina de agua de la marisma cuenta con una extensión bastante amplia, en torno a las 16.000 hectáreas, según datos del Laboratorio SIG y Teledetección de la Estación Biológica de Doñana – CSIC.

Los datos de la ICTS Doñana,  indican que a pesar de que las lluvias registradas hasta ahora se aproximan a la media de la última década, «siguen siendo insuficientes». Esto se debe a «un gran déficit hídrico, lo que impide que la marisma se inunde hasta el nivel promedio habitual del invierno».

En este sentido, el responsable técnico de la Infraestructura y Servicios de las Tecnologías de la Información de la Reserva Biológica de Doñana, Abel Valero, ha explicado que «no ha llovido tanto como parece». «Además, partimos de una situación de déficit. Para que se vuelva a restituir el normal funcionamiento de los ecosistemas, tiene que haber un superávit muy grande, es decir, años húmedos por encima de la media, así como reducir las extracciones del acuífero, que está sobreexplotado», ha añadido.

También ha destacado que en Doñana los frentes que proceden del Atlántico «suelen dejar menos lluvias en las marismas» y «suelen mayores en la Corona Norte y el litoral que en el corazón de la marisma del Espacio Natural». «Esta variabilidad se refleja en los datos: mientras que en la estación del Palacio de Doñana se ha registrado 300 litros por metro cuadrado desde septiembre, en otras estaciones de municipios de alrededor, como Moguer, se han registrado más de 450 litros por metro cuadrado», ha señalado.

«La importancia de Doñana está en su agua. Sin agua, Doñana no tiene vida», ha indicado el vicedirector de la Estación Biológica de Doñana y responsable de la ICTS Doñana, Javier Bustamante. Por ello, debido al periodo seco que atraviesa el espacio natural en los últimos años y a la gran demanda de agua, que supera la carga anual, el nivel del acuífero desciende y las lagunas y manantiales naturales de Doñana, que aportan agua desde las dunas, se están perdiendo.

Además ha detallado que en contextos de déficit hídrico, la biodiversidad de Doñana «depende más del acuífero, que comprende casi 200.000 hectáreas de terreno y que excede por mucho la extensión del espacio protegido». Sin embargo, el nivel freático «continúa en mínimos histórico», lo cual «repercute también enormemente sobre la calidad de las aguas del acuífero».

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